¿Un buen entorno de trabajo siempre aumenta la productividad?

¿Un buen entorno de trabajo siempre aumenta la productividad?

Cada persona es diferente. Cada uno tiene su propio ritmo de trabajo y tiene una forma de trabajar particular pero está claro que a la hora de realizar nuestro trabajo debemos ser productivos. Está claro que la productividad es una cuestión personal. Nuestro estado de ánimo, la salud o el nivel de nuestra motivación serán factores que influyen en nuestra productividad. Pero no solo.

El entorno de trabajo también condiciona nuestra capacidad de trabajo. Un entorno profesional, tranquilo y que promueva la eficiencia hará que todos los empleados se sientan cómodos y motivados.

Que exista un buen entorno de trabajo no solo depende de la comodidad (del nivel de ruido, del ambiente de trabajo, del diseño de la oficina…) sino también del estilo de la dirección. Si un líder no concede autonomía y no delega en sus empleados cuando tienen competencia para poder hacerlo se sentirán atados y desmotivados. No hay que perder de vista que el crecimiento profesional es una de las aspiraciones más comunes a todos los empleados. Si se consigue un buen liderazgo, es más probable que haya una mayor productividad en el equipo.

Entonces, ¿un buen entorno de trabajo se traduce siempre en un incremento de la productividad?

Un 25%. Ese es el porcentaje que aumenta la productividad cuando hay un buen entorno de trabajo, según un estudio publicado en El Economista. Se calcula, además, que un tercio del año estamos trabajando, lo que equivale a 2000 horas, así  que si estamos cómodos en nuestro lugar de trabajo aumentará nuestra felicidad y seremos más productivos. A priori.

Es cierto que existe una relación estrecha entre la productividad y un buen entorno de trabajo, pero no siempre es así.

En algunas ocasiones se produce una falta de alineación entre los objetivos personales y los de la empresa. Puede ser que exista un buen clima laboral pero si los objetivos de una persona no encajan dentro del proyecto empresarial tendremos un caso en el que no siempre existe esa relación. Si a esto le sumamos una falta de liderazgo eficaz que sea capaz de reorientar el potencial de cada empleado, adiós productividad.

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También hay casos paradójicos: alta productividad en un entorno de trabajo desorganizado y desmotivado. La pregunta es: ¿cómo puede darse esta situación?. Hay ocasiones en las que puede ser que el tipo de liderazgo que se aplique sea un estilo autoritario. Puede darse también que la planificación sea excelente y el rendimiento de los trabajadores también pero su satisfacción laboral estará por los suelos. El miedo puede incrementar la presión y el rendimiento, pero desde luego no es un buen modo de aumentar el rendimiento de los trabajadores. Bajo presión, los empleados pueden esforzarse más pero eso solo ocurrirá a un muy corto plazo y a costa de su bienestar. El resultado a medio plazo está claro: una alta rotación en la empresa.

En definitiva, un buen entorno de trabajo no es sinónimo de un incremento de la productividad en una empresa. Pero ayuda. Y mucho. Un buen clima laboral incrementará la felicidad de los empleados y al mejorar su estado de ánimo y su compromiso con la empresa, su productividad también aumentará.

¿Y qué factores impulsan un buen entorno de trabajo?

  • Compartir un mismo método para trabajar

Aunque cada persona tenga su propia forma de trabajar, es importante que se compartan unos métodos comunes así como unas herramientas para que la comunicación no se vea entorpecida.

  • Apostar por la digitalización

La incorporación de las TICs al entorno de trabajo servirá para agilizar los procesos productivos y aumentar la productiviad del equipo de trabajo.

  • Fomentar la comunicación:

Transmitir la información correspondiente a los empleados contribuirá a que todos estos tengan más claras sus tareas y mejorará la calidad de su trabajo. Es importante que haya una buena comunicación para que exista un clima laboral óptimo.

  • Plantear objetivos cuantificables y medir la productividad:

Los objetivos que se plantean en la empresa deben de poder ser medibles y cuantificables para poder analizar el grado en que se han producido desviaciones y ha habido una disminución de la productividad.

 

Imágenes extraídas de freepik.com


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